La observación de ballenas como actividad comercial comenzó en 1955 en Norteamérica a lo largo de la costa sur de California. En la actualidad esta actividad se realiza en las aguas marítimas de más de 86 países además de la Antártica. Los tours varían en cuanto a costo y duración desde una hora hasta semanas. 

La observación de ballenas es una actividad turística (recreativa), científica y educativa. Su componente educativo es orientar a las personas sobre el funcionamiento del hábitat marino y la forma en la que se comparte por diferentes organismos; provee a los científicos la información necesaria para comprender las relaciones entre organismos, tiene un valor sociocultural debido a que los cetáceos son utilizados como especies estandarte para la conservación del medio ambiente; aunque el componente de aprovechamiento a nivel mundial en su mayor parte sigue siendo el recreativo a través del ecoturismo.

 

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Regulación e Importancia Turística 

El aprovechamiento de este recurso se considera de uso no extractivo, es decir, no es una actividad letal para los cetáceos, ni pone en riesgo su supervivencia. Sin embargo, si no se realiza de la forma adecuada (y cabe mencionar que las condiciones óptimas de observación varían de un lugar a otro y de una especie a otra) puede llegar a afectar la calidad de vida de los organismos y convertirse en una amenaza real para el hábitat y para las comunidades que hacen uso del recurso y obtienen beneficios económicos.

Actualmente existen reglamentos a nivel internacional y nacional que rigen el desarrollo de la observación de ballenas y que tratan de orientar básicamente a los prestadores del servicio sobre la forma en cómo debe desarrollarse y las acciones que están prohibidas durante el recorrido. Sin embargo, uno de los mayores problemas que presenta la actividad en la mayoría de los países, es la falta de vigilancia y el cómo se está desarrollando en realidad.

Su consolidación es evidente con tales tasas de crecimiento, toda vez que el entorno turístico global es cada vez más competitivo y las opciones de recreación son cada vez más. Muchos países en desarrollo han empujado economías locales en base a esta actividad, de ahí la enorme importancia que la actividad tiene.

Observación de ballenas en Ecuador 

Se calcula que cerca de cuatro mil ballenas jorobadas acuden cada año a costas ecuatorianas a realizar sus rituales de apareamiento. Estas ballenas llegan tras un viaje de unos 7.000 kilómetros desde la Antártida, para realizar sus rituales de emparejamiento y dar a luz en las aguas cálidas frente a Ecuador un año después; lo cual se ha convertido en una gran oportunidad para el desarrollo del ecoturismo. De acuerdo a reconocidos investigadores, la observación de ballenas se inició en nuestro territorio aproximadamente hace unos 20 años. 


Las operadoras turísticas y las embarcaciones que se dedican a la observación de ballenas, deben cumplir con ciertos requisitos relativos al reglamento de esta actividad según el Ministerio de Turismo del Ecuador, pueden consultar los requisitos en el siguiente enlace https://www.turismo.gob.ec/recomendaciones-y-reglamento-para-avistamiento-de-ballenas-jorobadas-en-la-costa-ecuatoriana/  

De esta manera poder controlar en cierta forma a los “enganchadores” (personas que hacen propaganda del avistamiento de ballenas, convenciendo al turista, guiándolos a su agencia, donde se realiza el pago de dicha actividad, para poder realizar dichas actividades en su embarcación) no obstante a veces quienes realizan estas actividades son pescadores que llevan a barcos que no poseen los permisos respectivos.

Referente a los factores del ecosistema marítimo, la observación de ballenas repercute en el comportamiento de los especímenes y su vida reproductiva, por lo cual se deben seguir las indicaciones previstas por el Ministerio del Medio Ambiente. Las consecuencias de no acatar estas indicaciones podrían provocar la ausencia de las ballenas de las zonas de observación y consigo la desaparición paulatina de la actividad turística.

Los ciudades de Salinas y de Puerto López ambas ubicadas en la Ruta del Spondylus son los principales puntos de partida de las embarcaciones en el ejercicio de la actividad de la observación de ballenas jorobadas; junto a esta práctica se fomenta el desarrollo económico de las comunidades mediante la afluencia de posibles clientes de restaurantes, hoteles, transporte, venta de recuerdos y demás. 

En los últimos años, la observación de ballenas se ha convertido en una de las atracciones turísticas más populares del perfil costero del Ecuador, los beneficios económicos llegan a las comunidades donde la actividad se ha convertido en un aspecto significativo de la economía turística local.

Foto de portada cortesía de Manuel Avilés @manuelavilesec